Paisajes


Pienso en su pubis negro, frondoso, selvático.
Un triángulo espeso, la ladera de un volcán lleno de musgos calientes sobre el que nunca cae luz.
Pienso en su maraña de hebras y anillitos, como en una hierba olorosa a compos pero reseca al tacto.
Su pubis es un animal de pelo vegetal, extrañamente tupido e hirsuto, que se curva hacia un foso y derrapa en un río.
Debajo hay una gruta que oculta una sirena.


*


La boca de Caribdis tiene los labios flojos como los perros bóxer.
Flojos y arrugados, como si pertenecieran a una mueca marrón, oculta, que se muestra en contadas ocasiones de devorar perdidos Odiseos.
Protegida, Caribdis es una arruga de carne que se abre, blanda y lubricada, como el cáliz de una planta carnívora.
Chorrea miel esa boca remota.
Una miel filante, suavemente salina, como un mar pegajoso.


*


No sé que sabor tiene tu mar, pero me gusta su tacto encima de la lengua y los ruidos de tus habitantes legendarios.
Espeso, se mezcla en mi saliva, una vez y otra vez, surgiendo de la caverna como la húmeda voz de la sirena.
Para ser ciego cierro los ojos.
Y entonces, mis dedos exploran a través de ese mar, las paredes carnosas de mi muerte.


(De: Nueve escenas de sexo - Microcuentos - ed. 2008))


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