De las cartas cerradas y otras incoherencias (toma poética)






Tanta tecnología y ya lo ves,
no tengo modo alguno de apagarte
porque sigues en mí cuando me marcho
MdP








 
Otra no-carta desde otro aeropuerto.

Hecho para durar, te dije un día.

Hecho para durar como un camión
 de esos camiones de plástico muy duro,
de plástico muy grueso,
con una infancia Duravit que ya tenía vocación de camión indestructible.

Yo tampoco te apago. No te apago, al contrario.

Trato de verte arder como un sol constelar
uni-versísima
y eternamente incediadora y alta
haciendo juego con la estrella albal que nos reseña que se cumplió otra noche.

Siempre tan vos y yo, tan trascontinentales como vientos
que acollaran al mar con sus vaivenes hechos todos de antípodas.
A veces una hora, a veces dos, pero siempre el reloj en otra parte,
en otra geografía,
en otra luz que puebla encima de las manos
la boca de las cartas.

Tan planetarios el uno con el otro y tan exploradores
del tren del aire en que nuestro ser viaja
a compartir el día a día, el siempre a siempre, el estoy al estoy,
en la voz de la lágrima,
en el silencio pesado del peligro,
en la estupefacción de la belleza,
en el claroscuro de un designio cifrado a la palabra.

Siempre en un mundo vos y yo en el otro
y siempre, también, los dos con guerras que nos comen la piel de abecedario
en que buscábamos rescatar la risa
truchando el pasaporte.

Si no hubiera "majshev" la habría inventado
para cazarte a solas en la jungla de bits que nos mantiene
indivisiblemente unidos por el alma.
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Chocolate bombón