Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

Los magos hambrientos




A veces, en medio del cansancio de esta compilación de batallas perdidas, ella me recoge como si rejuntara leña para armar un buen fuego o quizás, como si fuera levantando los huesos que mi esqueleto harto va olvidándose por los caminos, en sus idas y vueltas sisifoicas. 

Me hace reír en algunas ocasiones y entonces, parece que tuviera otro rostro además del que tengo. Me adivino otro rostro, un poco menos ácido, un poco más humano. Un rostro que puede albergar una mirada emocional que no precisa del brillo limado de su quitina inmóvil.

Me descubro azorado la sonrisa y puedo disfrutar de ese momento en que mi boca muta desde el rictus al canto. 

Los niños del poblado me hacen el mismo efecto benefactor, cuando, después de la clase, ya pueden señalar su país en el mapa, sus ciudades, sus ríos y sus árboles. O pueden sumar y restar, haciendo morisquetas de niños que quizás nunca lleguen a diplomarse en infancia y sean solamente esa pequeña fuerza efímera que aprende con un maestro improvisado a deletrear y a escribir sus nombres.

Pienso en estos momentos como en un día que se ensancha y se completa por la luz de otro sol mejor.
Los niños tienen hambre. Para atraerlos a esta escuela breve de una precariedad que es casi llanto, comenzamos por darles de comer sentados en el aula, sobre el suelo, porque asientos no hay. Como si fueran presas de cazadores primitivos, los atrajimos con platos de comida. Luego, ellos se quedaron por sí mismos, para saber del mundo que no sabe de ellos. 

El asombro de los niños es algo que se parece a todas las maravillas. Mirar los ojos ávidos que interrogan a las viejas historias de los hombres como si fueran nuevas, me produce la misma sensación que me produce un mago.

No hace mucho, le dije a ella que he edificado tantas concéntricas murallas a mi alrededor para que no me dañen, que ya no sé dónde quedan sus puertas y estoy atrapado en esta fortaleza inexpugnable, porque no recuerdo cómo salir de ella. He extraviado las puertas, le expliqué.

Cuando estoy en el aula con los niños, mis murallas se abren y entra el sol.

Ellos, mis pequeños y hambrientos magos, son capaces de encender el sol.


(De quemaduras y otros algoritmos-prosas atrapadas) 


6 comentarios:

  1. Qué precioso Gavrí. Es hermosísimo y esperanzador, lleno de vida. Lo que te dan a cambio esos pequeños no necesita de puertas mi querido amigo.
    Te abrazo fuerte.

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    1. A veces me preguntan ¿cómo hacés para bancarte todo lo que pasa ahí? Supongo que porque estos territorios me dan muchas más cosas que si estuviera en un puesto importante, en una oficina protocolar, en una ciudad cosmopolita (como del que me escapé para volver a África)y porque yo también puedo emplearme a fondo y ser útil, servir.
      Abrazos, Gildo querido.

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  2. Un texto lleno de humanidad y de belleza, amigo Gavrí, tienes razón cuando dices que nos amurallamos para hacernos fuertes frente al dolor ajeno y, ese es el peligro, no encontrar la puerta de salida...Felicidades.
    Un abrazo.

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    1. A mí lo que me amuralla es mi propio dolor. El ajeno, al contrario, me hace creer que se puede ayudar en algo, servir para algo, mitigar un poco el mundo este que les toca a los otros.
      Algo como el dicho ese: "Serví y vi que el servicio es alegría".
      Abrazos, Servilio.

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  3. Cuánta sutileza en tu alma! Ante los niños, la magia se instala y se derriban las murallas del mundo. Basta una mirada, una sonrisa y el mundo cambia. Tienes el corazón con puertas abiertas donde los jilgueros se nutren de tu alma.
    Me saco el sombrero ante esta entrada, Gavri.

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    1. Creo que tener una mala infancia a mí me ayudó a intentar que otros no pasen por ahí. Aunque mi lugar no es precisamente el de un docente en esta Delegación, no puedo soslayar esta vocación por la enseñanza y como sé que todos estos niños no pueden aspirar por infinitas razones a salir del pozo donde otras infinitas razones los sepultan, trato de hacer lo mejor que puedo y lo mejor que sé. Todo granito de arena es necesario porque la humanidad depende de sus niños.

      Gracias y abrazos Ceciely.

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Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

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1a. edición - bilingüe