Monzones en la lengua


Desde este sequedal huele el diluvio
la presencia asonante de la pena
y un plic-plic-plic de charco entre las manos
de las que escapa el agua con su otoño
se vuelve una herramienta de aleluya.

Vertiente de espejismos, partida roca tibia
por un sol sin retorno
de lejos en el agua, hay una catedral desesperada
donde sus mil campanas están rotas.

A pie desde el desierto como el viento
te arrebato las gotas de mis ríos
como un sonido íntegro a humedales y caos.

Así suena la pena entre mis dientes
que te recuerdan cuando más te olvidan
porque andan los Pegasos intentando
copular con Quimera en una torre.

Melancólica y previa como un yunque
que canta los metales de las vidas diversas
vas desde tu bolsillo a la utopía
como un credo sin fe que crea dioses.

Y yo, todo de noche en guardia
y de espantos de guardia
y de armas cargadas que hacen guardia
solo muevo mi mente
- no mis ojos -
mientras pasa, por ella, tu perfume
a los grandes monzones de la India.
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Chocolate bombón