Viraje (Kivu Norte)


Párodo

Holowitz siempre llama de noche. Tiene una rara vocación de pesadilla y como en los sueños, habla en otro idioma.
Holowitz llama cuando no lo preciso, cuando no quiero hablar con él, cuando menos lo espero, cuando ya conseguí olvidarlo una vez más.
Pero regresa. Como Freddy Krueger.
Automáticamente, cuando él llama, yo veo gente muerta.

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Engel es otra clase de tipo. Siempre está elaborando teorías filosóficas. Su más arriesgada hipótesis fue que el bien no existe así que todo se resume a pujas entre las fuerzas del mal y hay que ubicarse en lo menos peor. Para eso estamos. Para ser parte de lo menos peor de lo más macabro.
Engel sostiene que por lo menos nos involucramos cuando todos se borran. Ahí, ya solamente quedan peleando los buenos de los malos porque los buenos a secas no resisten. Así anda el mundo.
Espero que sea eso lo que dice tan convencidamente para alentarme.
Él habla tan mal el español como yo el alemán.

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La palabra ronin me la enseñó Higa.
También me enseñó lo que era un haiku y después un tanka, que no es un tanque.
Es muy delicado con las flores e infalible con los cuchillos.
Además es budista en sus ratos de ocio.

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Van Zandwegge habla seis idiomas. Es el más convencido de ser un apóstol. Está tan convencido que me hace acordar al monje albino de El Código Da Vinci.
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Goldberg maneja los números como si contara cartas de Black Jack. Fue quién sacó las cuentas que le encargó Holowitz. Dice Fernández Riera que “el rusito” es “ingeniero en probabilidades” .
Goldberg es muy bueno sacando costos. Siempre acierta con los muertos que quedan en el camino. Pronosticó igual que un cabalista que de 120 niños, con suerte, solamente vamos a salvar 30.
Holowitz igual me llamó por teléfono.

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Salvar es un eufemismo.
Salvarlos de ahí, razonó Spíndola cuando habló conmigo, tiene dos letras de diferencia con “sacarlos de ahí”.
El problema no es ese, sino donde ponerlos después.

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Los hermanos Jhonston no terminan nunca de decidirse por Greenpeace. Dice Huarkaya Anaya que como tanta duda les hizo perder estado, están gordos como ballenas.
Su inclinación por Greenpeace es una forma de decidir nosotros -a la hora de correr- que los que se queden varados sean ellos.

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Doce.
Aún así, Dios ha muerto.

(De: Viraje (Kivu Norte - Tercera guerra del Cóngo) ed. 2009
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