Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

Teoría de la prosa -irresponsabilidad del verso -imaginación del ensayo -incertidumbre de la reflexión

De las cartas cerradas y otras incoherencias (toma XIII)


Vieja carta sin destino aparente.


"Recuérdame, amor mío, que te escriba una carta hecha con aves rubias. Una carta con aves y conejos de color caoba que disipan el sol y alzan espacios de polvo fabuloso. 

Recuérdame que escriba sobre las contingencias de tus pies diminutos en la nieve, cavando los caminos de regreso con aquellos zapatos mínimos que parecían botellitas de sangre. Eran rojos tus zapatos como mis vendas rojas y como las frutas pequeñas y redondas que recogías entre las zarzas áridas. Come, decías, son dulces como pequeñas gotas de alegría.

Tu alegría era roja igual que una manzana. Tu alegría era una mancha roja que mordía mi pecho herido y pálido, y se deslizaba como un río rojo pintándome singladuras de pájaros en un paisaje donde no había nada.

Recuérdame, amor mío, como eran las tardes milenarias junto al fuego en la estufa y tu perfil de claridad contra la curva hostil de la floresta. Dame esa mansedumbre de tus ojos de hembra de gamo que se oculta del oso y la sonrisa por detrás del ala de tu cabello suelto.

Ya no recuerdo más que el olvido. He perdido el nombre de las flores que juntaban tus manos y no sé nombrar el zureo de las palomas que llegaban al pan, de tarde en tarde.

Recuérdame tu boca. Recuérdame tu lengua. Recuérdame las aletas de tu nariz al borde del enojo y la fecundidad de tus pestañas frente al llanto.

Recuérdame tu aliento y tu silencio y el suave derrotero de tus caderas presas en mis manos y ese fondo lacustre de tu aroma ungiéndome la boca.

Recuérdame que me recuerde siguiéndote el cabello como un perro y la aventura de los viejos caminos en las cumbres donde las piedras cantan hondas voces de agua.

Recuérdame, amor mío, si acaso soy aún esta soledad que no ha cambiado."



Terminé de escribir la carta que me había pedido para su esposa y mientras se la leía, mi compañero sin manos murió sonriendo.


Yo lloré.


(De: Ius soli)

Imagen: Album de la tropa


9 comentarios:

  1. Tus ojos son tristes y hermosos
    como flores pintadas en un libro
    de texto.

    Y. Amijai

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  2. Se ponen así los ojos cuando ven demasiado, ialdâ.

    Todâ rabâ

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  3. tu blog me inquieta y a hay mucho en el que merece detenerse por eso he decidido que seas el blog de la semana de mi espacio...un saludo
    Notas de campo íntimas(mi espacio)

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    Respuestas
    1. Todâ rabâ, Anabel.

      Inquieta es una palabra más que importante, te diría que mucho más que "gusta". Este escritor le da un valor muy importante a esa apreciación del contenido del blog.

      Shalom

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  4. aunque las cartas no lleguen a su destino inicial siempre llegan alguna parte...talvez ella la lea en algun momento

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    Respuestas
    1. Si. Se la llevé yo en persona. También había muerto.

      Todâ rabâ.

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  5. A riesgo de molestarte te diré que es la carta de amor más hermosa jamás leída por mí. Y el desenlace no puede ser más de escalofrío.

    Señor escritor...

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  6. Mirá que me lo creo, tía. Es más, decido creérmelo.

    Todâ

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  7. Yo también he llorado como si estuviese delante de "El Guernica". También me pasa con cualquier cuadro de Toulose-Lautrec. Así que cuando visité su museo en Albi salí con los ojos como dos manzanas rojas. Resulta muy hermoso cuando el dolor se transforma en un cuadro o en un relato o en una carta como ésta. Y esa belleza que todos podemos contemplar gracias a tu generosidad, es el destino que tiene la carta número trece. Para la imagen no tengo palabras, ese gesto tuyo sería digno de los pinceles de la mismísima Suzanne Valadon. En este caso mis manos tampoco sirven, no sirven para nada. Será por eso que también lloro.
    Abrazo.

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Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

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edición bilingüe 1a. edición