B negativo






"Ay, pero es que su mercé tiene la sangre de los dioses y dónde es que quiere su mercé que encuentre de esa sangre, qué habrá sido inoportuno su mercé, venir a desangrarse ahora en que ni plasma hay, pero cómo se le ocurre."

Y corría, mientras hablaba como un loro automático. Corría desesperadamente y tan Cruz Roja, que corría el doble de lo que puede correr cualquier enfermera en un hospital que no es un toldo bajo el que todo falta. 

"Pero encima, B negativo, diga ¿no podía nacerse de otra sangre? No se me desangre y quién le manda y de dónde le saco yo ahorita O negativo si ni del positivo tengo, tenga en cuenta que complicado resulta su mercé". 

Y baja la diarrea arterial mojando el torniquete, puta sangre, que lo empapa todo con ese nombre que no conoce nadie en el territorio de la sangre.

 "Aguante pué, B negativo tenía que ser, y que otra cosa podía ser, su mercé y sus ocurrencias", como si la genética fuera algo que excede a las extrañas ocurrencias de Dios, si acaso ese día había un dios disponible, más modesto que el que hizo las cosas complicadas.

*

-¿Qué-e-e-e-e-e-e-e-e?
-B negativo.
-Yo.
-Entonces andá.

Y uno llega jodido y en ayunas, con cara de preocupación para el degüello y pregunta en la entrada y te mandan a Hemoterapia, "si, para la chica esa que se cortó las venas después de hacerse un aborto con un gancho".
Algún dios modesto, no el gran dios, arruga los caminos y los vuelve como un cruce de rutas o planta un tope raro y uno dobla y desemboca...

-¿Estás todavía en la escuela? como si no le alcanzaran a Hesíodo los demonios que reemplazan las cargas.
- ...si, ¿qué pasa? 

y entonces, ahh, me gusta el viento que se come la Kawa y uno llega con cara de "he llegado" entre los B negativos de este mundo, para devolverle la sangre a alguien que se quiere morir con las venas cortadas.

*

- Hay otras formas.
- Yo no las encuentro, sensei.
- Yo tampoco, pero sé que hay otras. ¿Ves que estoy viejo? Sigo buscándolas.
- Yo no soy valiente como usted.
- O yo no soy tan cobarde como vos.
- Usted no es cobarde, sensei.
- Lo disimulo mejor.
- No se vaya.
- No me voy...y si la enfermera con cara culera me pone más cara ortiba...le corto la yugular y nos chupamos la sangre...que estamos los dos escasos.
- ¿ Y si no tiene nuestro grupo?
- Ya no existirían las vampiros.

Que una pendeja de dieciseis años elija morir, me hace replantearme para que mierda vivo.
Soy un guerrero clase B y encima negativo.

De última, me queda el infortunio.


(De: La memoria (in)docente)


Chocolate bombón