Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

Escenas del hogar





Mientras lo observa con esa juventud itinerante que se alarga en sus ojos como una vieja sombra de tragedia que se va olvidando, el hombre piensa un poco en sí mismo. 

Casi no recuerda ya cómo se hace eso de pensar en sí mismo porque no tiene otra práctica que la de pensar en los demás y encontrarse pensando, por un instante, en su propio ser, le altera el gesto. Se siente extravagante, inmerso en ese momento de autodedicación, como un ajeno en una casa extraña que tiene otras costumbres.

Entonces piensa en que quizás ha perdido definitivamente aquel toque poético que fabricaba frases en su mente con una agilidad de equilibrista y que luego sería elogiado por la crítica dada su violenta creatividad.

O quizás, ese toque poético lleno de la magia constante que rodea la buena poesía, se ha replegado, como él se ha replegado, a unos cuarteles de invierno siberiano, alejados del sol de la fanfarria y envueltos en el hábito que propugna el deber.

El hombre mira la alegría con nostalgia. Mira la luz con nostalgia. 

La alegría está allí, delante de sus ojos pero él la mira con la nostalgia de lo que no se ve o no se alcanza. Sin embargo, la alegría está allí, como una sonoridad que permanece.

Los ojos del hombre vuelven al otro hombre frente a él. Mira a un muchacho allí o ese que mira le parece en realidad un muchacho, quizás, porque conserva la alegría. 

El muchacho afina un violín de madera rojiza; “como la alegría”, piensa el hombre que mira al que afina el violín.

Hay un niño con ellos. 

El niño es como el hombre que mira la alegría con nostalgia. Es quedo, pequeño y quedo, un susurro que aún nadie ha descifrado y tiene un tizne gris en su silencio. Sus ojos codician el violín del que el muchacho extrae algunas notas y en el que luego, con un movimiento entusiasta, un movimiento de alegría, piensa el hombre que mira al muchacho y al niño, comienza a tocar con energía una melodía de su pueblo natal. 

Al hombre que mira la alegría con nostalgia se le figura que esa música suelta al aire chorros de color amarillo que bañan al niño tiznado con silencio gris. 

El niño ríe y el violinista da unos cuantos saltos, como un enorme y delgado feriante que anda trashumando por el mundo a lomos de un circo hecho con música. Luego, el violinista le da el violín al niño. Lo apoya sobre un hombro del niño y le explica cómo se sostiene un violín. 

Ubica los dedos diminutos del niño encima de las cuerdas, lo empodera con el arco flexible y mientras lo guía con su mano, el violín vibra y suelta una nota chirriante y temblorosa que se afirma despacio hasta ser una nota que se expande en el aire, una y otra vez mientras el arco frota el encordado.

El niño es un espacio de asombro y sobresalto. Mira al hombre que por primera vez sonríe, igual que el violinista, igual que el niño que susurra azorado: Papá… toco el violín. 

Luego, cuando el hombre que mira la alegría con nostalgia escribe lo que ha presenciado, lo acucia una pregunta ¿por qué, hombres como Vlady y como yo, somos capaces de elegir las armas como forma de vida?

(De: Otros diarios)

Gusto popular

Participan en este sitio sólo escasas mentes amplias

En tu cuarto hay un pájaro (de Pájaros de Ionit)

Un video de Mirella Santoro

SER ISRAELÍ ES UN ORGULLO, JAMÁS UNA VERGÜENZA

Sencillamente saber lo que se es. Sencillamente saber lo que se hace. A pesar del mundo, saber lo que se es y saber lo que se hace, en el orgullo del silencio.

Valor de la palabra

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Poema de Morgana de Palacios - Videomontaje de Isabel Reyes

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Sólo el amor - Silvio Rodríguez

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Feria del Libro de Jerusalem - 2013

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Café literario - Centro de convenciones de Jerusalem

Acto de fe

Necesito perdonar a los que te odiaron y ofendieron a vos. Ya cargo demasiado odio contra los que dijeron que me amaban a mí.

Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.
1a. edición - bilingüe