Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

De quemaduras y otros algoritmos.






Alguna vez viví con extrañeza ese descubrimiento porque la metafísica no es lo mío. Sin embargo, siento esa sensación de lo diferente, de un idioma que habla por partes en otro ser que no soy yo. 

Decimos cosas que identificamos en un plano al que solamente nosotros tenemos permitido el acceso, como a un idioma extinto que es conservado por dos sobrevivientes en un polo y en el otro del mundo.


Abrevo a veces en ese sortilegio, porque llego con sed. Es el código. Lo que reconozco en la voz es el código que cifra mi propio código. Busco los papiros en que está envuelta el alma y los llevo a mis ojos, a mi nariz, a mi boca. Los leo como si recitara un códice litúrgico que solamente yo soy capaz de leer. Los huelo en su expresión de toda antigüedad. Los beso, reverente.


Sucede la rareza. Sucede el ejercicio de la dualidad. Sucede el retorno. 


Nos hemos reconocido en la extranjería de la no memoria porque no hemos permitido que la boca del tiempo hable por el olvido de lo que ha nacido con vocación de inolvidable.


Tu tierra siempre está en la otra orilla del enorme mar. 


Hay una primitiva dulzura en nuestro caos. 






Podría pasarme el silencio entero escribiendo. Quedarme así. Sería bueno porque me trae un sosiego imprudente. El asesino implacable que me habita pierde su condición beligerante y se remansa como un río que lentamente agota su caudal sobre una tierra fértil.

No protagonizo, por tanto, una crecida aluvial, de esas en las que flotan los enseres y los animales de granja.

Podría pasarme todo el silencio por el papel de agua de tus ojos y yo identificaría el aullido de tu mineral más acendrado y del que nace la flor de las tragedias con su perfume a malezal de hierbas para aroma.

Te reconocería entre la multitud de las vicisitudes como esa que trae una selva de menta en el cabello y una siembra de barro bajo el crecimiento de sus uñas.

Conjugo sin vocales las palabras que no aprendo a decir más que en mi propio idioma incomprensible.

Ni yo sé de qué hablo. Solamente sé que necesito decir hasta que se me agoten los desastres y no haya nada más que un estallido de luz en la otra orilla.




6 comentarios:

  1. Estás que no se te aguanta escriba. "Puedo pasarme todo el silencio entero escribiendo". Yo también ¡mirá como cambió mi rumbo! Sólo puedo contarle a la doña tantísimas cosas ya no hay resistencia.
    El resto de este texto es para encuadrar y leer de vez en cuando.
    Genio y figura hasta la sepultura que no te quiere en su casa. Debe saber el quilombo que podés meter si te tocan los testículos (huevos).

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    1. Algo de eso le debe pasar a la Muerte, Sarito. O al Diablo, que no quiere competencia.
      Me hace bien escribir.

      Abrazos.

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  2. Otra de tus bellezas, Gavrí. Tenés un tremendo poder de introspección y encontrás las imágenes adecuadas para expresar tus profundidades. Casi todo lo que te leí es un continuo soliloquio, donde lo más importante es lo que pasa internamente.
    Un enorme abrazo, amigo.

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    1. Así es, Mirel querida. Incluso cuando estoy contando episodios, lo hago desde mi yo más profundo. Las cuestiones reflexivas que tiene uno, en el afán por encontrar su propia esencia.

      Abrazos.

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  3. Esos algoritmos de los que hablas, también habitan mi entorno y trato de descifrarlos y extasiarme en ellos. Me ha llegado una bandada de dragones de hielo que me miran y lanzan sus lengüetas polares sobre mis tibios amaneceres. Busco su mensaje cósmico y buceo en sus profundas aguas, mutando mi indumentaria humana.
    Asida de su lomo, volamos en astral y llegamos a la infinitud de Cero....
    Inmenso placer el leerte.
    Abrazo

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  4. Supongo que en inconsciente colectivo de la Humanidad, todos nos semejamos.

    Gracias por tus palabras, Ceciely.

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Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

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1a. edición - bilingüe