Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

Teoría de la prosa -irresponsabilidad del verso -imaginación del ensayo -incertidumbre de la reflexión

Mensaje rápido a mi abuela



Ni siquiera me duele.

Indiferente en el fondo de mí, indiferente en la superficie, veo este no dolor con el que surge el alba.

No es anestesia. Es no dolor. Definitivamente no me duele.
Entonces evalúo.

La guerra comenzó aquel primer día y desde ese día fue una guerra, compuesta de treguas fabulosas y de minúsculas escaramuzas con mosquitos a las que repelí agitando modestamente la mano, como quien rompe el humo.

La guerra se estableció ese primer día en que mostramos nuestro poder de fuego al atacante. Jamás declinamos las armas. Supimos ocultarlas, sin seguro, entre las diferentes ropas que vestimos, convencidos de que estaban para ser usadas en ese inexorable uno contra el otro, más allá de cualquier cena protocolar a la que asistiéramos ambos.

No me duele.

Todas las contiendas tienen su primer día y su último día. Y si hubo un primero, durante todo el transcurso de las escaramuzas uno se prepara para el último, hasta que, cuando llega, lo alcance invulnerable.

Este deber cumplido sin más, sin pasión y sin remordimiento, cumplido, como el paso final de un desenlace largamente postergado, no es más que eso:   el final consecuente al desarrollo.

En el medio, entre el primero y el último día, todo fue un cuento diplomático en el que nunca conseguí creer, ni siquiera como parte de la festividad de las treguas.

Ni me duele ni me importa.

Mi única emoción es la sorpresa de haber llegado inmune hasta la decisión final de matar algo que  imaginé querer. Y que ésto de querer no fuera cierto es lo que me sorprende.

Aunque ya todos saben que yo no creo vínculos ni siquiera conmigo mismo.

Sin memoria no hay justicia

El 27 de Marzo de 1977, el escritor y periodista Rodolfo Walsh, difunde clandestinamente su “Carta abierta” cumplido un año de Dictadura.Al día siguiente, es asesinado cuando se resiste a entregarse a los militares.

1. La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.
El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.
El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.
Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese “ser nacional” que ustedes invocan tan a menudo.
Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivtas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.
2. Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.
Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio. (1)
Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados.
De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda un ley que fue respetada aún en las cumbres represivas de anteriores dictaduras.
La falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite en los métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre las articulaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos y farmacológicos de que no dispusieron los antiguos verdugos. El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el “submarino”, el soplete de las actualizaciones contemporáneas. (2)
Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido.
3. La negativa de esa Junta a publicar los nombres de los prisioneros es asimismo la cobertura de una sistemática ejecución de rehenes en lugares descampados y horas de la madrugada con el pretexto de fraguados combates e imaginarias tentativas de fuga.
Extremistas que panfletean el campo, pintan acequias o se amontonan de a diez en vehículos que se incendian son los estereotipos de un libreto que no está hecho para ser creído sino para burlar la reacción internacional ante ejecuciones en regla mientras en lo interno se subraya el carácter de represalias desatadas en los mismos lugares y en fecha inmediata a las acciones guerrilleras.
Setenta fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la voladura del Departamento de Policía de La Plata, 30 por el atentado en el Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la muerte del coronel Castellanos, 19 tras la explosión que destruyó la comisaría de Ciudadela forman parte de 1.200 ejecuciones en 300 supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su mando no tuvieron muertos.
Depositarios de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de justicia,incapaces de influir en la política que dicta los hechos por los cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son delegados sindicales, intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores no armados, simples sospechosos a los que se mata para equilibrar la balanza de las bajas según la doctrina extranjera de “cuenta-cadáveres” que usaron los SS en los países ocupados y los invasores en Vietnam.
El remate de guerrilleros heridos o capturados en combates reales es asimismo una evidencia que surge de los comunicados militares que en un año atribuyeron a la guerrilla 600 muertos y sólo 10 ó 15 heridos, proporción desconocida en los más encarnizados conflictos. Esta impresión es confirmada por un muestreo periodístico de circulación clandestina que revela que entre el 18 de diciembre de 1976 y el 3 de febrero de 1977, en 40 acciones reales, las fuerzas legales tuvieron 23 muertos y 40 heridos, y la guerrilla 63 muertos. (3)
Más de cien procesados han sido igualmente abatidos en tentativas de fuga cuyo relato oficial tampoco está destinado a que alguien lo crea sino a prevenir a la guerrilla y Ios partidos de que aún los presos reconocidos son la reserva estratégica de las represalias de que disponen los Comandantes de Cuerpo según la marcha de los combates, la conveniencia didáctica o el humor del momento.
Así ha ganado sus laureles el general Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, antes del 24 de marzo con el asesinato de Marcos Osatinsky, detenido en Córdoba, después con la muerte de Hugo Vaca Narvaja y otros cincuenta prisioneros en variadas aplicaciones de la ley de fuga ejecutadas sin piedad y narradas sin pudor. (4)
El asesinato de Dardo Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el 6 de enero de 1977 con otros siete prisioneros en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército que manda el general Suárez Masson, revela que estos episodios no son desbordes de algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen como comandantes en jefe de las 3 Armas y aprueban como miembros de la Junta de Gobierno.
4. Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto después que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países, por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias fuerzas. (5)
Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, “con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles” según su autopsia.
Un verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el Lago San Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron. (6)
Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de 1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el Río Luján el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de Campo de Mayo y 17 en Lomas de Zamora.
En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas herederas de las 3 A de López Rega, capaces dc atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea (7), sin que se enteren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti. Las 3 A son hoy las 3 Armas, y la Junta que ustedes presiden no es el fiel de la balanza entre “violencias de distintos signos” ni el árbitro justo entre “dos terrorismos”, sino la fuente misma del terror que ha perdido el rumbo y sólo puede balbucear el discurso de la muerte. (8)
La misma continuidad histórica liga el asesinato del general Carlos Prats, durante el anterior gobierno, con el secuestro y muerte del general Juan José Torres, Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruíz y decenas de asilados en quienes se ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos en Chile, Boliva y Uruguay. (9)
La segura participación en esos crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales becados de la CIA a través de la AID, como los comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos a la autoridad de Mr. Gardener Hathaway, Station Chief de la CIA en Argentina, es semillero de futuras revelaciones como las que hoy sacuden a la comunidad internacional que no han de agotarse siquiera cuando se esclarezcan el papel de esa agencia y de altos jefes del Ejército, encabezados por el general Menéndez, en la creación de la Logia Libertadores de América, que reemplazó a las 3 A hasta que su papel global fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas.
Este cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo personal de cuentas como el asesinato del capitán Horacio Gándara, quien desde hace una década investigaba los negociados de altos jefes de la Marina, o del periodista de “Prensa Libre” Horacio Novillo apuñalado y calcinado, después que ese diario denunció las conexiones del ministro Martínez de Hoz con monopolios internacionales.
A la luz de estos episodios cobra su significado final la definición de la guerra pronunciada por uno de sus jefes: “La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal”. (10)
5. Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.
En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar (11), resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales.
Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisioncs internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9% (12) prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron. (13)
Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la “racionalización”.
Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subtérráneas, millares de cuadras convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo , el río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus residuos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe.
Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar “el país”, han sido ustedes más afortutunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3%, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%, una baja del 13% en la inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda inepcia.
Mientras todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma. Mil ochocientos millones de dólares que equivalen a la mitad de las exportaciones argentinas presupuestados para Seguridad y Defensa en 1977, cuatro mil nuevas plazas de agentes en la Policía Federal, doce mil en la provincia de Buenos Aires con sueldos que duplican el de un obrero industrial y triplican el de un director de escuela, mientras en secreto se elevan los propios sueldos militares a partir de febrero en un 120%, prueban que no hay congelación ni desocupación en el reino de la tortura y de la muerte, único campo de la actividad argentina donde el producto crece y donde la cotización por guerrillero abatido sube más rápido que el dólar.
6. Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S.Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete.
Un aumento del 722% en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda: “Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos”. (14)
El espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento, donde hay empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin producir más que antes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el “festín de los corruptos”.
Desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito nacional en manos de la banca extranjera, indemnizando a la ITT y a la Siemens se premia a empresas que estafaron al Estado, devolviendo las bocas de expendio se aumentan las ganancias de la Shell y la Esso, rebajando los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o Singapur y desocupación en la Argentina. Frente al conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales, dónde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideologia que amenaza al ser nacional.
Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán dcsaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.
Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.
Rodolfo Walsh. – C.I. 2845022
Buenos Aires, 24 de marzo de 1977.

1 Desde enero de 1977 la Junta empezó a publicar nóminas incompletas de nuevos detenidos y de “liberados” que en su mayoría no son tales sino procesados que dejan de estar a su disposición pero siguen presos. Los nombres de millares de prisioneros son aún secreto militar y las condiciones para su tortura y posterior fusilamiento permanecen intactas.
2 El dirigente peronista Jorge Lizaso fue despellejado en vida, el ex diputado radical Mario Amaya muerto a palos, el ex diputado Muñiz Barreto desnucado de un golpe. Testimonio de una sobreviviente: “Picana en Ios brazos, las manos, los muslos, cerca de Ia boca cada vez que lloraba o rezaba… Cada veinte minutos abrían la puerta y me decían que me iban hacer fiambre con la máquina de sierra que se escuchaba”.
3 “Cadena Informativa”, mensaje Nro. 4, febrero de 1977.
4 Una versión exacta aparece en esta carta de los presos en la Cárcel de Encausados al obispo de Córdoba, monseñor Primatesta: “El 17 de mayo son retirados con el engaño de ir a la enfermería seis compañeros que luego son fusilados. Se trata de Miguel Angel Mosse, José Svagusa, Diana Fidelman, Luis Verón, Ricardo Yung y Eduardo Hernández, de cuya muerte en un intento de fuga informó el Tercer Cuerpo de Ejército. El 29 de mayo son retirados José Pucheta y Carlos Sgadurra. Este úItimo había sido castigado al punto de que no se podía mantener en pie sufriendo varias fracturas de miembros. Luego aparecen también fusilados en un intento de fuga”.
5 En los primeros 15 días de gobierno militar aparecieron 63 cadáveres, según los diarios. Una proyección anual da la cifra de 1500. La presunción de que puede ascender al doble se funda en que desde enero de 1976 la información periodística era incompleta y en el aumento global de la represión después del golpe. Una estimación global verosímil de las muertes producidas por la Junta es la siguiente. Muertos en combate: 600. Fusilados: 1.300. Ejecutados en secreto: 2.000. Varios. 100. Total: 4.000.
6 Carta de Isaías Zanotti, difundida por ANCLA, Agencia Clandestina de Noticias.
7 “Programa” dirigido entre julio y diciembre de 1976 por el brigadier Mariani, jefe de la Primera Brigada Aérea del Palomar. Se usaron transportes Fokker F-27.
8 El canciller vicealmirante Guzzeti en reportaje publicado por “La Opinión” el 3-10-76 admitió que “el terrorismo de derecha no es tal” sino “un anticuerpo”.
9 El general Prats, último ministro de Ejército del presidente Allende, muerto por una bomba en setiembre de 1974. Los ex parlamentarios uruguayos Michelini y Gutiérrez Ruiz aparecieron acribillados el 2-5-76. El cadáver del general Torres, ex presidente de Bolivia, apareció el 2-6-76, después que el ministro del Interior y ex jefe de Policía de Isabel Martínez, general Harguindeguy, lo acusó de “simular” su secuestro.
10 Teniente Coronel Hugo Ildebrando Pascarelli según “La Razón” del 12-6-76. Jefe del Grupo I de Artillería de Ciudadela. Pascarelli es el presunto responsable de 33 fusilamientos entre el 5 de enero y el 3 de febrero de 1977.
11 Unión de Bancos Suizos, dato correspondiente a junio de 1976. Después la situación se agravó aún más.
12 Diario “Clarín”.
13 Entre los dirigentes nacionales secuestrados se cuentan Mario Aguirre de ATE, Jorge Di Pasquale de Farmacia, Oscar Smith de Luz y Fuerza. Los secuestros y asesinatos de delegados han sido particularmente graves en metalúrgicos y navales.
14 Prensa Libre, 16-12-76.

Des-a-ficciones






Aprendí que la letra es mi memoria,
mi tráfago en la piel;
que si no hubiera escrito estaría muerto
como un soldado anónimo
al borde de mi espíritu inconcluso.

La vida es lo que vi.

A veces hago esfuerzos de silencio
e intento introducirme
en lupanares dulces 
con mujeres que me sirven el té
y hablan de lágrimas.

Mis ojos y mis gritos las observan
desde lo destrozado de la víscera
en donde duermen mis restos pavorosos.

Un animal azul me cabe adentro.

Está lívido, hinchado, putrefacto
mientras escribe,
obseso,
con los dientes.

Diario somalí

Planeta de lo simio

Hemos llegado al punto de las conversaciones antipáticas, así que nos limitamos a mantenerlas, antipáticamente, hasta el día cada vez más próximo, en que no hablaremos más.

La tensión se respira en las ideas. Es una especie de ladrillo sórdido y mal cocido, que progresa en el aire como un feto, hacia la inexorable formación de la pared que dividirá el accionar de nuestras personalidades.

No puedo mantener la cohesión del grupo sin marcar una pauta de referencia en la que el altruismo comience por esta precaria casa en la que estamos todos subsumidos, hurtando nuestro cuerpo a las cloacas para llevar luz de vela al inframundo.

Pero somos distintos, tan distintos, que inevitablemente rompemos antes de enviar las cartas con las que pedimos armisticio. 

Supongo que lo que nos hace diferentes, es que yo vengo de perder todas las guerras y ella siempre parece victoriosa, a punto de progreso, sin mostrar nunca este estado de descomposición que nos corroe a todos los demás.

No la admiro. 

Muy por el contrario creo que todo lo suyo es una pose con la que se obstina en resaltar nuestras abrumadoras diferencias. 

Siempre será lo moral frente a la amoralidad que nos envuelve. 

Siempre tendrá el rol ético a la mano, porque cuando del otro lado hay alguien como yo, es fácil mantenerlo. Sólo decirlo alcanza. Mi honestidad no me permite mentir sobre mí mismo ni hacerme pasar –para gustarle un poco– por un varón de Dios.

La verdad no nos hace libres. Nos hace diferentes y por lo tanto, las claves que me forman le son absolutamente incomprensibles. Sé que no alcanza a imaginar el mortuorio sustrato de mis pieles, que se han ido secando una tras otra, porque solamente puede entender este formato correoso y agrio, el que ha vivido la peor parte de las inmundicias, esa parte, donde no alcanza ni la imaginación del escritor ni el altruismo fanático del cooperante. Esa parte en que solamente habita lo reptílico de la más ancestral sobrevivencia.

Ahora está ahí, lejos de mí, porque no le alcanza su voluntad para contaminarse con mi lepra, pudrición invencible que le llega por miasmas cada vez que tomo una decisión o doy una orden.

Ahora está ahí, observándonos hacer nuestro trabajo de voluntario y aberrante salvajismo.
Trajimos los camiones junto a otras fieras negras y montunas, que se parecen mucho al enemigo. Trajimos los camiones a pura sangre y fuego, porque todo se reduce a matar antes de ser matado.

Trajimos los camiones y vamos a levantar el campamento sanitario para derivar toda esta gente al Ifo 3, que ni siquiera estamos seguros de que exista, pero así hemos oído, igual que lo ha escuchado la Amisom.
El Ifo 3 es un punto en un mapa que se fragmenta en cenizas ante nuestros ojos.
Ahora ella está allí. Y yo estoy aquí. 

Tengo el pellejo de un monito muerto entre los brazos e intento filtrar gotas de leche, desde mi dedo, despacio, hacia su lengua. Insisto sin denuedo. Sólo insisto, con el dedo mojado en leche fortificada, oprimiendo despacio el labio inferior, como si fuera una especie de monstruosa teta alimenticia que despertara por arte de atavismo, el instinto suctor que el hambre ha destruido.

Ella me mira, después de haberme juzgado como ese fiero animal que soy.

Quizás, porque soy un animal al fin, intento que esta cría de hombre no se muera. 

(de julio a septiembre, 2011)

Autopreservación


Restringir el territorio para pájaros y apagar las luces del perímetro. Activar el vallado eléctrico y los sistemas de visión nocturna. Liberar de su cadena los dientes de los lobos. Permitir a las hienas retozar sobre los muertos y a los buitres coleccionar ojos. Hacer silencio de radio. Previamente volar todos los puentes. 

Lubricar las armas. Atrincherarse.

Y esperar, como una negra fortaleza impávida, que nuestra noche no termine nunca .


כפרה



Cuando mis actividades terminan, ella ya está esperándome al volante del jeep con el que cruzó desde Etiopía hacia Israel (con más razón puede cruzar una y otra vez la desmilitarizada frontera entre nosotros), en un peregrinaje periodístico que el vehículo soportó airosamente lo mismo que con anterioridad soportó la guerra de Iom Kippur, conducido por mi suegro.

Como es una reliquia familiar, ahí permanece el jeep, casi en calidad de objeto litúrgico.

Junto a otras esposas que pasan a recoger a sus maridos sobre el final del día, ella me espera en la margen opuesta de la calle, con el vehículo en marcha. 

No parecemos divorciados. Tenemos el aspecto de una pareja con muchos años de convivencia, que no termina de conocerse bien.

Conversamos, hacemos bromas, cenamos, volvemos a conversar. 

Ella, que es periodista, me enseña sus últimos artículos. Yo le cuento tonterías o me quedo en silencio.

Ninguno de los dos es ortodoxo, así que hacemos el amor todas las noches, desde que llego hasta el día en que me voy.

Yo duermo poco y mal. Ella duerme abrazada a mí, serena y envidiable. 

Conserva intacto ese aire a Uma Thurman de los años felices, con sus rasgos de pajarito tieso, aire de aristocrático flamenco, impostura longilínea de garza sedosa, iluminada y blanca. 

Delgada, irreversible, toda rubia, toda transparente, toda lejos, cuando me mira, sus ojos siempre están muy tristes. Parece que escaparan, que siempre sus ojos escaparan. Pero no de mis ojos; de su alma.

Como todas las noches, despacio acomodo  su cabeza encima de la almohada para no despertarla y regreso al sillón del living, donde mi suegra me preparó cuando llegué, la cama para huéspedes.

(De: Hojas de sombra)

Principales y secundarios




— Tu problema es que eres incapaz de verbalizar lo que te pasa si no lo escribes. No sabes hablar...A hablar como la demás gente, me refiero...A hablar, así, hablar, como los demás ¿no? Decir lo que te pasa, como hago yo, como hace todo el mundo... Aunque eres muy bueno con las arengas no sabes hablar normal...Ahí sí, cuando tienes que marcarte un discurso no hay quien pueda hacerte callar... Pero después, ni siquiera cuando sé que te he hecho algo que te ha despertado ganas de asesinarme, eres capaz de ponerlo en palabras sonoras o de decir: Pichón, me has jodido fiero. No. Te callas, te retraes, andas haciendo la mula por todos los rincones hasta que te vas y no vuelves en tres o cuatro días o en tres o cuatro meses (eso depende de lo que te haya hecho). Así las cosas siempre han de dolerte más... y más largo, también. Si no has conseguido escribirlas a tiempo, se te quedan ahí, como un quiste que te oprime el latido y te pone cada vez más torpe el corazón.

(De: Hojas de sombra)

Foto-síntesis

Mi suegra tiene una manía similar a la de su hija, mi ex esposa anglo-etíope. Guarda fotos. 


Cuando conocí a Ruth, ella portaba una Pentax. 


A la relación de mi ex con su cámara fotográfica podría aplicarse el dicho de que el bereber negocia la mujer pero jamás el caballo. Con su cámara sucedía eso. Era una extraño injerto al final de sus manos, que hacía click, fishhhh, click, fishhhhhhh, todo el tiempo, como parte de un idioma destinado a interrumpir el nuestro.


Ruth revoloteaba a mi alrededor igual que una mariposa de esas grandes y obesas que ejercitan su arte de seducción bailándole a los bombillos eléctricos. Así, como inmersa en una danza sufídica, me tomaba fotografías desde todos los ángulos posibles. 


Con el correr del tiempo y de las fotos, logré convencerme  de que no encontraba aquel en que yo luciera fotogénico.


Mis momentos trágicos eran el nutriente de su pasión más inmoral, por lo cual, prefería esos para hacer periodismo gráfico con la derrota humana.


Mi suegra guarda todos esos retratos de la infelicidad como se guardan los retratos de los hijos que arrebata la guerra. Los atesora en una caja de té, donde se van poniendo perfumados.


— Esta es perfecta. – dice – Te ves tan humano.


La fotografía está entre las primeras, en la pila de crónicas pasadas.

Supongo que pertenece a mi visita de hace unos meses, cuando Ruth consiguió atraparme con una Canon de última generación, llorando frente a la tumba del rabí.

(De: Hojas de sombra)

Diario somalí

Identidad editada

“...otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano...”*[1], me repito, como esas estupideces que surgen cuando uno menos las necesita y le ocupan, insistentemente, la pequeña porción de cerebro que le queda para pensar con lucidez  mientras  se está presenciando una masacre, porque las imágenes y los sonidos ocupan todo el resto vulnerable.

Tampoco es mi primera masacre. Ya muchas veces me he sentido un bosnio, un hutu, una afganí o hasta un paraguayo en la guerra de la Triple Alianza.

Pienso, recostando la espalda en el único punto protegido que me cubre de más guerra la carne, que soy profesor de una Historia que nadie escribe nunca y que no encontrará un lugar merecido en la currícula de clases, esa, que si algún día salgo del infierno, repetiré otra vez a mis alumnos, allá lejos, en aquel lugar donde mi vida era como todas.

El cañón del arma me roza los labios y estoy, inmóvil en ese beso estático, estatuario, adherido como una lapa larga y verde a la madera rota de un camión que ha volcado, alcanzado por la potencia de un lanzagranadas de fabricación belga.

Adherido e inmóvil, con el arma pegada en línea recta a la longitud detenida de mi cuerpo, no siento que respiro, sólo siento el sudor que chorrea por mi rostro como si alguien hubiera vaciado un cántaro sobre mi cabeza.

Desde donde estamos a cubierto el holandés y yo no se ve que ha pasado ni con Ahmed Mbede ni con el cooperante ni con los australianos.

El japo se quedó con la Amisom en el campamento sanitario. Pienso que se está perdiendo una colección de buenas fotos, mientras escucho el chac-chac-chac implacable del machete.

Matar a machetazos, a pesar de tener armas de fuego, es un ritual gozoso en que se embarcan los de las milicias y uno escucha ese intenso golpear, seco y rotundo, seguido de una explosión sutil y húmeda, carne y hueso que ceden y dividen, tumefactos, sangrientos y, de repente, ya no se oyen ayes. Hay una ruptura de silencio. Luego, vuelve a recomenzar el chac-chac-chac.

El holandés tiene que mandar sus informes de corresponsalía y yo busco un poco de la señal del otro mundo, pero no funcionan bien los satelitales y estamos él y yo, persiguiendo una imaginería que nos ha llevado hacia la trampa.

Con los oídos llenos del chac-chac-chac-chac, mal cubiertos por los restos de un camión deshecho estamos esperando, solamente esperando, que el sonido nos vea y se abalance.

Pero nunca sucede.

La calle miserable se despuebla. Suena el motor del vehículo que carga a los milicianos y lo percibimos cada vez más lejos, igual que sus gritos de batalla liberados al aire de los buitres.

A los australianos y a mí, siempre nos toca la puta mala suerte de dar tiros de gracia, pero no lo hacemos esta vez.

Se me queda en los ojos la agonía de tanta carne rota.

El cooperante y Ahmed recuperan al fin nuestro vehículo, abandonado detrás de una pared en el momento de saltar a cubrirse.

Bien por nosotros. Hemos logrado arribar a Mogadiscio.


[1] César Vallejo

Cristalería fina


Sigo siendo un elefante en un bazar, ya resignado a ser un elefante y que se rompa todo mientras avanzo persiguiendo la ruta que lleva al cementerio.

¿A quién se le ocurre poner un bazar en la mitad de esta sabana árida y sin agua, de la que mis pasos no pueden desviarse?

Me gustan los cristales, pero no los entiendo.

Tengo sed y los cristales parecen agua rígida que yo no sé beber. Probé, pero no sé.

Los cristales hirieron mi garganta y cortajearon sin piedad mi lengua, hasta el punto en que tuve que deglutir mi propia sangre antes de desangrarme entre esos filos brillantes y traslúcidos.

Aprendí que todo cristal es peligroso para quitar el ansia.

Y también que  mi elefante se desproporciona seducido por prismas de fabricar la luz, cuando los encuentra a mitad de su ruta al cementerio.

Al salir del bazar mi sed persiste mientras rompo espejismos que se quejan con un sonido agudo y vibratorio y muy despacio, me van dejando cada vez más sordo.

Pero es sordera, no debe confundirse con la indiferencia.

(De: Hojas de sombra)

Refringencia

Abrí los ojos y estaba ahí, incómodo en la silla de hospital, sentado en una posición casi ridícula porque el exceso de kilaje lo hacía ver como una vaca metida dentro de un ambo de mala confección.

Sonrió, dedicándome su sonrisa rechoncha y satisfecha de hombre realizado en la vida y se inclinó un poco para besarme en la mejilla.

Si no hubiera tenido los dos brazos canalizados, me habría limpiado ese roce húmedo y su olor pálido a loción para después de afeitar.

¿Qué te pasa? ¿Vos también te hiciste puto que me estás chuponeando?— pregunté.

Él hizo uno de esos gestos suyos que parecen el sonido de un chistido.

— No viniste a la misa... Te estuvimos esperando. – dijo.
— Tuve un servicio en el exterior...¿Qué hacés acá?
— ¿Qué hay? ¿No puedo venir?
— ¿Me viniste a reprochar que no fuera a la misa por Pichón? – insistí y agregué— Por las dudas se te ocurra no me hagas misas a mí, porque me levanto de la tumba y te cago a bollos.

A mi hermano del medio siempre le molestó mi humor macabro porque se lo confunde con la sinceridad.

— No. Te vine a ver antes de que vos también te me mueras. No quiero enterarme después de que te entierren que me quedé sin decirte que aunque seas siempre el mismo hijo de puta, sos mi hermano mayor y te necesito todo lo que vos no me necesitás a mí.

— No te pongás romántico, Gordo... ¿Te está pegando el viejazo? Esas cosas ya las sé. No preciso que me las verbalices.

— Podrías haberme dicho que estás enfermo. Hablamos tantas estupideces siempre y las cosas importantes no nos las decimos nunca... Estás haciendo lo mismo que Pichón. Te la estás morfando solo. Así que vine yo a decirte esto que para mí es muy importante  y a ver si se te pega algo por imitación.

 — Yo no me voy a morir, Gordo, por lo menos de esta mierda no me voy a morir. Si me pegan un tiro en algún servicio, eso sería razonable... Pero ni de viejo ni de enfermo... eso te lo prometo.

— ¿De verdad?

— ¿Alguna vez te mentí?

Dentro de mí pensé que quizás esta fuera la primera vez.
 El curvó, cohibido como un niño, esa sonrisa suya que casi tengo olvidada en la inocencia.

(De: Hojas de sombra)

Inmunidad diplomática

Lo llevo, por supuesto, a todas partes. Viaja conmigo como una alhaja inútil que uno se lleva para tener recuerdos de alguna cosa. Lo saca cuando se siente débil frente al mundo y deja que esa sensación llena de algas le ocupe el corazón, por un momento que se vuelve angustiosamente largo.

El problema es dominar su predisposición ubicuitoria de hacerme compañía aún cuando no quiero que me acompañe más.

Usufructúa mi momento de debilidad y se hace enorme como lo necesario.
Se desparrama por dentro de mí, como mi propia furia.

A veces creo que sabe que pienso en mi muerte con mucha simpatía. Entonces, contraataca. Otea desde sus territorios anexados mis puentes levadizos y cuando ve la lágrima que cae lo mismo que un carámbano del alma, se lanza nuevamente a la conquista que nunca terminó de realizar.
Somos hutus y tutsis combatiendo en el mundo sin casas de mi sangre. Dos entes predadores que chocan sus milicias, sin reconciliación.

Creo que sabe que va morir conmigo porque no voy a darle el gusto de doblegarme antes ni el de desparramarse hacia otros territorios indefensos que pueda liquidar en cuatro días, como si fuera un trámite.

Tenemos algo en común. Siempre vamos de incógnito a matar, como una valija diplomática. Y ni él ni yo somos contagiosos de persona a persona. 


(De: Hojas de sombra)

Chocolate bombón

Participan en este sitio sólo escasas mentes amplias

En tu cuarto hay un pájaro (de Pájaros de Ionit)

Un video de Mirella Santoro

SER ISRAELÍ ES UN ORGULLO, JAMÁS UNA VERGÜENZA

Sencillamente saber lo que se es. Sencillamente saber lo que se hace. A pesar del mundo, saber lo que se es y saber lo que se hace, en el orgullo del silencio.

Valor de la palabra

Hombres dignos de buscan. Por favor, dar un paso adelante.

No a mi costado. En mí.

Poema de Morgana de Palacios - Videomontaje de Isabel Reyes

Historia viva - ¿Tanto van a chillar por un spot publicitario?

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas mientras haya un argentino para nombrarlas.
El hundimiento del buque escuela Crucero Ara General Belgrano, fue un crimen de guerra que aún continúa sin condena.

Porque la buena amistad también es amor.

Asombro de lo sombrío

Memoria AMIA

Sólo el amor - Silvio Rodríguez

Aves migrantes

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Feria del Libro de Jerusalem - 2013

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Café literario - Centro de convenciones de Jerusalem

Acto de fe

Necesito perdonar a los que te odiaron y ofendieron a vos. Ya cargo demasiado odio contra los que dijeron que me amaban a mí.

Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.
edición bilingüe 1a. edición

and...me

and...me
Porque todos los cuervos alguna vez fuimos solamente pichones y durante cuarenta días volamos debajo del diluvio yendo y viniendo de la tormenta al Arca, los laureles siempre se los llevan las palomas.