Búsquense su voz, no usen la mía

Protected by Copyscape Online Plagiarism Test

Presentación del hombre

De madrugada - Patxi Andion



Me matará el ir de frente y decidido
y esta inútil fuerza de macho convencido

Parafraseando a Serrat

Parafraseando a Serrat :

"La verdad no es prepotente. Lo que no tiene es remedio".

miércoles

Timeless


Quizás hubiera balcones en su nombre que asomaran despacio hacia la luz, pensó el hombre al pasar, mirando a la muchacha como a una estatua que cobrara repentinamente volumen en sus ojos, cuando la halló detenida en el pórtico, observándolo tal como él hacía con ella.


De inmediato quitó de su mente la idea porque necesitaba el espacio para otras acordes a la función y a la responsabilidad y retiró los ojos de la figura frágil, de dócil aspecto aterciopelado, como si dejara de codiciar una rosada fruta inaccesible.



Analisse no le parecía inaccesible, pensó luego. Le parecía más bien inexistente, como un ánima que surgía con intermitencia en algunos lugares del castillo, materializándose en los momentos de contraluces tenues, idéntica a un reflejo que ha desaparecido.



La figura de la muchacha, en ese claroscuro en el que se manifestaba, resultaba para aquel hombre acostumbrado a mirar los lados filosos de la vida como una expansión poética, un perfume que llega en una mano del aire a repoblar la memoria con buenas intenciones. Por eso, él detenía la mirada en ella cuando coincidían en algún espacio de La Fortaleza y permanecía prolongando el segundo antecesor a la desaparición. Ella hacía lo mismo.



Se miraban, ambos, como una cuestión de identidad, definiéndose a través del otro en esa antípoda plácida que representa el medio entre la gran serenidad y la violencia.



No se hablaban ahora y no se habían hablado desde que él llegara como un amante trágico que no abandona el luto por una vieja muerte indefinida.



Analisse pensaba al hombre en esos términos porque era eso lo que había extraído de sus ojos y así había comentado con Frau Bertha cuando la mujer pálida y ácida la reprendiera por mirar de manera indecorosa al nuevo miembro de aquel personal sórdido que pululaba con armas y handies por todos los pasillos igual que un invasor.



Frau Bertha había señalado que los uniformes no debían impresionar a Analisse. Ni los uniformes ni su contenido, recalcó, con el aire doctoral que empleaba ejerciendo su función de institutriz todo terreno.



Pero sus aseveraciones se aproximaban más al mal concepto que le merecía aquel nuevo personaje de la fauna castellana que a proteger a Analisse de algo.



Aquel hombre manifestaba una vulgaridad contestataria que mantenía en alerta al resto del personal.



Desafiaba a La Señora sin que se le moviera un cabello ni se le alterara un gesto. Contestaba con arrogancia y desparpajo, como forzando situaciones incómodas que el resto deploraba y en las que no conseguía situarse, de modo que todo acababa en un duelo de ideas y respuestas afiladas entre La Señora y su Jefe de Seguridad, excluyendo de la participación a los que hasta el momento de la llegada del éste eran responsables de las charlas en circunstancia de la reunión alimenticia.



Analisse siguió la sombra del hombre con los ojos como a un animal largo que se fuera arrastrando hacia una guarida bajo tierra.



Así lo había plasmado la muchacha en alguno de los muchos dibujos con los que cultivaba su espíritu sonoro. Lo había bosquejado como ella recibía la imagen de aquella ruda tenacidad opaca con la que el hombre parecía imbuido. Y había bautizado a los retratos que ocultaba como algo propio y suyo con el nombre de “la fiera sin hogar”.



Desde el fin del camino por el que la mirada de Analisse lo había perseguido, Ioran Jeirch volvió los ojos y apenas sonrió.

 (Upon the times)

lunes

Lugares para coger de parado




A veces pienso que te violaría
y me pregunto ¿dónde?

Fantasioso de mí
voy buscando pagodas en tu cuerpo
templos en tu gemido
como un Hubble que mira
la impune maravilla de tu raja
y hunde su lente
entre tus sentimientos.

¿Dónde te violaría?

En un campo que oliera a muerto y hambre
por la vasta cuestión del alimento
y por ésta
mi voracidad exacerbada
que se transforma en sed para lamerte.

¿Dónde te violaría sin romper tu memoria de ajenos y de dioses?

En mi cama que llueve
tragedias desde abril hasta diciembre
y naufraga en febrero.
Disoluto
me cagaría en todo por tenerte
un día
entre las piernas del instinto
y sudarte en la boca tanto llanto.

sábado

Puerto seguro





Después del periplo la conclusión es obvia, así que regresamos con el ánimo apaciguado, no ya moroso de reproches y ansias ni enquistado en el miedo de los que han acumulado deudas que nunca saldarán.

Dejamos atrás esa extraña vocación caliente y nos hemos vuelto los archiveros de la vieja historia, serenos y difusos, agrisados del polvo de los muertos que por fuerza hubimos de enterrar.

Todos frente a la mesa griega hicimos un pacto de triunfo. Un pacto inamovible de “no me moverán”. Nos sentamos ante el azul del mar y juntamos las manos como agitadores de un viejo conciliábulo que ha decidido dirigir la historia de sus miedos hacia un puerto seguro.

En realidad ninguno de nosotros quiere morir en las manos del otro por un error de cálculo o un hecho natural de la casuística violenta que antes integrábamos como un fiero conjunto y ahora resolvimos individualmente, lejos de cualquier lugar común.

Conseguimos la tregua ética que da el mismo objetivo.

Ya estamos viejos, han pasado los años y nos desconvertimos de aquellos animales mortales que presagiaban dramas y catástrofes en los lugares donde ponían los pies. 

La violencia se nos ha alejado, a algunos más que a otros, así que nos miramos sin violencia mientras nos prometemos no ceder, por aquellos códigos de antaño en que nos reparábamos.
Todos supimos que íbamos a matar para salvarnos. Pero ninguno de nosotros quiere morir aún, y estamos conscientes, como entonces, de que somos lo descartable en cualquier epopeya. 

Habíamos aceptado el sacrificio cuando aún era tiempo de epopeyas y a ellas debíamos el angustioso furor del heroísmo.

Pero es parte de nuestro pasado y nosotros solamente vivimos en presente porque cuando aceptamos el oficio, nos despedimos de cualquier porvenir.

Uno por uno de mis compañeros de hundimiento me ha estrechado la mano y ha dicho en su lengua materna: "Gracias por reunirnos".

Me reafirmo en la primera convicción que tuve cuando emprendí este viaje de búsqueda. Ya estamos todos los del entonces aquel en algún otro tema y nadie quiere morir en su pasado, así que concordamos en el trámite de la supervivencia. 

Somos distintos pero estuvimos juntos y juntos descubrimos lo que luego acabó por desparramarnos por el mundo como semillas de una plaga bíblica y por lo que ahora pretenden que rindamos cuentas con esa voz que no escucharon antes todos aquellos a los que recurrimos.

Siempre supimos que nuestro oficio es una pasión triste, una imperecedera pasión triste por la que debemos responder con la vida.




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...